1.8.17

LA GUERRILLA FANTASMA - HORA CERO- RIVAS, CON EL ESPINAZO QUEBRADO


Edición 465 pag. 2






Enrique Rivas, alcalde de Nuevo Laredo, está en problemas serios, pues ya no responde al castigo, solo lo asimila y se lo traga; ya no revira envalentonado como gallo de palenque o bravucón de cantina.
Ahora más bien se ve penetrado, solo y callado; parece que las últimas publicaciones acerca del derroche en su gobierno lo tienen paralizado.
El personaje en cuestión se gasta 10 millones de pesos al mes en prensa que no le han servido para amortiguar los cañonazos a su gestión, misma que cada vez se ve más minada.
El poder y el dinero revuelto con la ingesta desmedida de alcohol en especial con tequila, acompañado de habanos de la mejor manufactura, suelen ser una mezcla altamente tóxica que poco o nada ayudan a la toma de decisiones para cualquier mortal, y mucho más para aquellos que tienen responsabilidades de carácter público.
El alcalde decidió chocar de frente con El Mañana de Nuevo Laredo, de seguro por viejos rencores propios de la generación anterior que lo animaron, que no son fáciles de superar y se meten entre las venas.
Cuando no tienes cola que te pisen entonces a lo mejor intentas una maniobra y eres prudente, pero cuando estás sucio… es un suicidio.
Hoy se ve como un animal herido con el espinazo quebrado, vivo pero sin avanzar y sin futuro dando vueltas en círculo entre las nopaleras, dejando rastros de sangre y huesos por todas partes.
Ahora cuesta arriba rumbo a su reelección en 2018 su camino se ve pesado y la meta lejana, muy lejana.
Mientras otros militantes de su partido cercanos al poder estatal se lamen los bigotes, y otros de siglas diferentes se frotan las manos haciendo planes, esperando el momento, él abrió el espacio y su tremenda torpeza lo dejaron muy vulnerable.
Él renunció a ser el líder de la manada y está destinado al desecho. Sus rivales con facilidad encontrarán la forma deshacerse de él, y de manera cómoda lo van a relevar.
Es una historia triste, el chico prometía. Lástima, otro que se pierde en esta brega llena de laberintos: el poder.

19.7.17

"LA GUERRILLA FANTASMA" - HORA CERO - EL ASESINATO QUE INDIGNA A REYNOSA

HORA CERO - EL ASESINATO QUE INDIGNA A REYNOSA, TAMAULIPAS
Hora Cero 
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El niño de 7 años fue acribillado por un comando armado cuando intentaron robar la camioneta a su padre en el tramo del boulevard Alcalá y el Viaducto. En dos meses han muerto cerca de un centenar de personas en hechos violentos.

La tarde del martes 27 de junio Omar Emiliano Vázquez Núñez regresaba con su papá de alimentar unas vacas en una propiedad cercana a la carretera Reynosa–San Fernando. Sin imaginarlo eran los últimos momentos que padre e hijo pasaban juntos.
De acuerdo con un amigo de la familia, que estuvo en la tragedia, aquel pintaba como un gran día. El cielo estaba parcialmente nublado, no se sentía tanto calor y Omarcito acompañó a su papá Jorge Alberto para pasar un rato agradable en el tranquilo ejido Candelaria Rey.
No contaban que en el regreso, un grupo de cuatro delincuentes a bordo de un auto rojo intentaría asaltarlos; cuando Jorge Alberto intentó huir, abrieron fuego en su contra. Entonces el conductor se percató que les estaban disparando, se fijó hacia el asiento trasero, pero desafortunadamente su hijo se encontraba herido de la cabeza.
Descendió para rogarles que dejaran de atacarlos, mientras que los delincuentes huyeron y con su niño ensangrentado en los brazos clamó por ayuda.
El incidente se presentó muy cerca del centro comercial Citadina donde Jorge Alberto se detuvo. Minutos después llegaron los paramédicos de la Cruz Roja Mexicana, trasladaron al niño al Hospital General, pero debido a las lesiones de gravedad murió poco después.
La noticia se difundió rápidamente en las redes sociales y medios nacionales, provocando todo tipo de comentarios reprobatorios por el atentado contra estas personas inocentes.
Por su parte, el grupo de Internet Reynosa Código Rojo emitió un manifiesto donde reprocha la inseguridad que afecta al municipio. En un fragmento asegura que perder un hijo no tiene nombre.
“Reprobamos enérgicamente la falta de autoridad por parte de nuestros gobernantes y a todas las personas que apoyan de alguna manera al crimen organizado”, publicó.
¿QUIÉN ERA OMARCITO?
Esta víctima fue estudiante del primer grado en la escuela primaria Ignacio Ramírez. De acuerdo con su madre, Maribel Núñez Alvarado, le gustaba mucho cantar y sus animales.
“Mi niño era muy tierno, muy alegre. A él le agradaban demasiado los animales, gallos, perros y pollos. El era feliz con sus animales. El amaba a su papá, para mi hijo no había otra cosa mejor que su papá y sus animales, su rancho”, recordó su progenitora el pasado 28 de junio en la funeraria Gayosso donde estaba siendo velado.
Agregó que no tenía las palabras para explicar la personalidad de Omarcito.
“Era un niño maravilloso, un guerrero. Me enseñó muchas cosas desde que nació. El luchó mucho por vivir, pero desgraciadamente esta vez ya no la libró.
“Acompañaba a su papá cada tercer día, cuando no tenía terapias de aprendizaje. Cuando había un día libre después de la escuela se iba con él”, evocó.
NO PUEDE QUEDAR IMPUNE
En medio de las muchas ofrendas florales que recibió este niño muy querido, Maribel califica como devastadora su muerte.
“Es algo que no te esperas y ni por la mente nos pasaba que ocurría una tragedia así. Mi hijo quería ser un granjero y un policía federal, lo soñaba. De hecho en la brecha cuando iba al rancho los topaba muy seguido y una vez uno le dijo, mira hijo, este es el corte de pelo que deben llevar los niños.
“Cuando le preguntaron qué quería ser de grande, Omar respondió: ‘-Yo quiero ser como ustedes’.
Y le contestaron: -’No m’hijo, esta es una carrera muy pesada para ti, estudia otra cosa’, pero ese era un sueño más de mi niño”, confiesa.
El menor fallecido a consecuencia del tiroteo ayudaba en las labores de la casa.
“Conmigo siempre fue un niño muy tierno y cariñoso, me decía: ‘te amo mamita’… se la pasaba dándome besos. El siempre durmió con nosotros, conmigo y sus papás. Esperaba a que sus hermanos se durmieran para irse a meter a la cama con nosotros.
“El era un cuate de una hermanita. Esto es un dolor muy grande”, menciona su madre empapada en llanto.
Referente a este brutal ataque Maribel sólo atisbó a decir que no podía casi ni hablar.
“¡Todo esto está pasando por la maldita delincuencia que está, no miden las cosas…!”, fustigó.
Omarcito, además fue un niño muy sano en su alimentación, pero tenía dos comidas que eran sus predilectos: los huevos hervidos y los hot cakes.
“Un día antes de esta tragedia me pidió que lo llevara al café Sánchez y se comió sus hot cakes que tanto le gustan”, dijo su desconsolada madre antes de recibir las cenizas de su pequeño, asesinado por sicarios del crimen organizado en Reynosa.
Un maestro responsable
La mañana del miércoles 14 de junio, la esposa del ingeniero Jaime Otilio Ledezma Gutiérrez, fue a recogerlo a su trabajo en Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (CETis) 131, donde era maestro de programación.
Al llegar, le dijeron que su marido estaba almorzando en una taquería a sólo unos pasos del plantel.
La mujer se dirigió al lugar a buscarlo y cuando se encontraban ambos en la camioneta y emprendieron su marcha fueron impactados sorpresivamente por otro vehículo tripulado por presuntos delincuentes que huían de una persecución policial.
La camioneta del maestro fue volcada y estrellada en una barda donde su cuerpo quedó prensado hasta perder la vida; mientas que la madre de sus hijos salió volando por el parabrisas para caer en el asfalto, mal herida. Días más tarde también murió.
El profesor de la escuela en la colonia Las Granjas Norte recibió un homenaje póstumo el 17 de junio donde personal administrativo, maestros, alumnos, ex alumnos, familiares y amigos del docente le rindieron tributo formando un lazo humano y lanzando globos blancos al cielo.
“Esto se realizó a petición de los alumnos que lo van a extrañar, fue un suceso trágico y a escasos dos pasos del plantel” dijo la maestra Laura Esther Zapata González, directora del CETis 131.
Sus compañeros de trabajo lo describen como un hombre que era líder en las carnes asadas, además bailador, sencillo y alegre.
“Fue una pérdida para la institución y un ejemplo para los alumnos” mencionó un compañero.
“Me dio muy grandes enseñanzas y le agradezco con todo mi corazón, espero y pronto vernos, profe; ya sabe que nunca me olvido de usted por ser pobre, como me decía, lo quiero muchísimo” escribió en redes sociales Aideé Aboytes.
“Qué noticia!, uno de mis profesores favoritos de la prepa a fallecido, Descanse en paz profe Jaime Otilio Ledezma, a veces lo odiaba porque me dejaba afuera por llegar siempre tarde, pero siempre nos regañaba para motivarnos a seguir estudiando! Aún así siempre fue a todo dar. Un gran profesor.
– ¿Hasta cuando pagarán con víctimas inocentes esta inseguridad?”, posteó una usuaria de Facebook.
En este escenario, Reynosa acumuló ya más de dos meses de violencia intermitente y elevó a casi un centenenar la cifra de muertes durante mayo y junio, lapso en el que han fallecido presuntos delincuentes, policías y ciudadanos: víctimas colaterales e la inseguridad.
Un prometedor deportista
Argenis Quilantán Montalvo de tan sólo 21 años, resultó herido junto a otras tres personas el pasado 18 de mayo en medio de una balacera en la colonia Revolución Obrera.
Esto sucedió mientras se encontraba laborando en la limpieza de un terreno junto a unos familiares y fue alcanzado por las balas.
El joven estudiante de la Universidad Tecnológica de Tamaulipas (UTT) fue atendido en la clínica de Pemex y causó una gran movilización en redes sociales cuando se conoció que requería donadores de sangre.
Cientos de usuarios replicaron la petición, hasta a nivel nacional Miguel “El Piojo” Herrera lo hizo, aunque desafortunadamente por las heridas le fue
amputada una pierna y posteriormente perdió la vida 9 días después.
Quilantán Montalvo fue otra víctima inocente del enfrentamiento entre civiles armados, como muchas que a diario se viven en Reynosa.
Su familia, amigos y sociedad en la localidad lo recuerdan como un muchacho trabajador, destacado deportista y dejó una herida profunda en quienes lo conocieron.
Tras su muerte, la comunidad universitaria también hizo patente su repudio ante los hechos, ya que se trataba además de un buen estudiante y auxiliar técnico en el equipo de futbol Leones Blancos.
El 28 de mayo Quilantán Montalvo fue despedido en un homenaje de cuerpo presente en las canchas del estadio del Club de Futbol Total, donde entrenaba casi a diario.
Amigos, familiares y ex compañeros de los equipos donde él militó cargaron su féretro hasta el centro del campo donde lanzaron porras y globos al cielo. En su honor, todos vistieron de blanco portando el número 29 que Argenis usaba en su uniforme.
“La nuestra era una amistad desde hace muchos años, más que como su entrenador. La vida ya lo había golpeado duro con la muerte de su madre hace seis años; nadie merece que le pase algo así, y menos él”, dijo José Luis González amigo y entrenador del universitario.
Mientras tanto, los mensajes de condolencia no se hicieron esperar en redes sociales: “Es un mensajero de reflexión, de amor, es un ejemplo de lo que un ser amable puede lograr entre gente desconocida, ese algo que se llama “Unión”…
Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, el pueblo de Reynosa, su ciudad natal, está de luto por este terrible caso, y estamos esperando que usted brinde consuelo y apoyo a la familia, amigos y sociedad conmovida por la partida de este muchacho muerto… descansa en la gloria de Dios Argenis”, expresó Sofía Pacheco.
“Y como los grandes te despides… A veces no comprendemos las cosas que pasan, pero sé que Dios tuvo un plan perfecto para ti, reuniste una cantidad inmensa de gente y moviste a toda una ciudad! Jamás había visto algo así y eso es digno de admirar”, posteó Jenny Rosas.
“Cuando suceden éste tipo de eventos, nos lleva a reflexionar hasta qué grado de violencia estamos viviendo, donde uno no puede salir fácilmente a las calles y hacer sus actividades, donde en pleno Siglo XXI, año 2017, predicamos de la paz, mas no la vivimos. Donde tenemos tecnología de punta, hemos explorado la luna y el fondo del océano, pero no podemos coexistir como humanos…
Argenis representa a un sector importante en nuestra ciudad, y él nos lleva a una lección importante de vida: La vida es frágil, valora lo que tienes, sonríe, ama, vive, creé”, escribió Marco Moreno.

20.6.17

"LA GUERRILLA FANTASMA" - HORA CERO - MAS SI OSARE UN EXTRAÑO ENEMIGO

Heriberto Deandar 
Director 
Hora Cero 
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En la página 9 de la última edición de Hora Cero aparece la colaboración de el destacado pintor tamaulipeco radicado en la Ciudad de México Ricardo Delgado Herbert.
Ilustra con talento y valor el presente de nuestro lastimado país.
Mi reconocimiento y admiración.
No podemos quedarnos ajenos a estos tiempos de gran turbulencia política y social y el lo sabe y Hora Cero se lo agradece.











La política en México enfrenta uno de sus mayores escándalos de la época reciente, los cuales involucran a funcionarios e instituciones públicas que se habrían prestado para hacer trampa en el último proceso electoral, a ocho meses que comiencen las campañas presidenciales.
La disputa de gubernaturas y ayuntamientos en cuatro entidades federativas este 2017 (menos en Veracruz, que ya renovó al Poder Ejecutivo) suponía un ambiente ríspido y polarizado para el día de la elección.
Todo mundo estaba concentrado en lo que iba a suceder, especialmente en un Estado de México (Edomex) que tiene una lista nominal de 11 millones 317 mil personas en edad de votar, registradas en su padrón, una masa ciudadana capaz de influir en una votación nacional.
Se podía suponer que los partidos políticos movilizarían sus estructuras para empujar a los electores a las urnas, que habría acarreos y compra clandestina de sufragios, como siempre ha sucedido, nada era nuevo, pero ahora usando la tecnología.
De hecho, previamente se denunciaron acciones de los gobiernos priistas de Eruviel Ávila y de Enrique Peña Nieto, a nivel estatal y federal, para beneficiar con programas sociales y apoyos en dinero electrónico (como las tarjetas “La Efectiva” y el “Salario Rosa”) a ciudadanos con credencial de elector, pero nadie se esperaba que la corrupción emanaría desde el propio órgano de control.
Y es que en un país que se pensaba había transitado a una maduración política, pocos imaginaron que el mismo árbitro, el Instituto Electoral del Estado de México, quebrantaría sus propias reglas y diera por ganador a un candidato de modo indebido.
Más allá de convertirse las elecciones en una oportunidad para legitimar el derecho de los votantes y brindarle certeza a la población, ahora proliferan las dudas y se avecina un terreno incierto aún en este 2017 y para 2018.
El IEEM, encabezado por Pedro Zamudio Godínez, está siendo directamente acusado de tergiversar y maniobrar los resultados de la votación en favor del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y su candidato Alfredo del Mazo Maza, pues existen pruebas que demuestran el fraude.
Las actas de las casillas dicen una cosa y el conteo del Instituto otras. Prestigiados investigadores, así como economistas alertan que hubo trampa, que imperó la ilegalidad y se ejerció una “elección de Estado”.
DATOS DUROS, DATOS INFLADOS
Las cifras del Programa de Resultados Electorales Preeliminares (PREP), dieron por ganador de los comicios en Edomex a Alfredo Del Mazo, quien en su conjunto con todos los votos de las coaliciones presenta un millón 955 mil 447, por un millón 786 mil 962 sufragios de Delfina Gómez, la candidata de Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
La diferencia entre uno y otro era apenas del 2.91 por ciento cuando aún faltaban 335 casillas por contabilizar; no obstante, los números particulares sumados por el Instituto Electoral del Estado de México arrojan que hubo una maniobra para ayudar a Del Mazo en los generales.
En el conteo de cada uno de los 45 distritos el resultado total para el PRI y sus aliados fue de un millón 717 mil 202 votos. Esto es 238 mil sufragios menos de los que el IEEM dice que tiene el priista, primo de Enrique Peña Nieto.
A estas inconsistencias hay que agregarle los datos ‘chuecos’ de una numerosa cantidad de casillas, las cuales registraron un resultado inicial a favor de Morena que a la hora de computarlo no anotaron igual, sino que los funcionarios del Instituto Electoral del Estado de México lo adulteraron para favorecer a Del Mazo.
Las pruebas pululan por doquier; sin embargo, uno de los balances más claros sobre los pasados comicios lo elaboró Sergio Saldaña Zorrilla, un prestigiado economista por la Universidad de Viena, en Austria, quien aporta fundamentos precisos del fraude electoral a favor del PRI.
De los varios ejemplos que este especialista presenta destaca el de la sección 4696 del municipio de Tezoyuca, donde por ejemplo, Morena ganó con 146 votos, como quedó establecido en el acta, pero en el cómputo el IEEM puso como “ilegible”, cuando en realidad el resultado se distingue a la perfección.
De acuerdo con los analistas el fraude se cuajó también en las sumatorias de los sufragios computados de la coalición del Partido Revolucionario Institucional, el Partido Verde Ecologista de México, Nueva Alianza y Encuentro Social, donde se ‘inflaron’ los resultados en miles de votos por cada distrito.
AMLO PRESENTA PRUEBAS
Andrés Manuel López Obrador, el líder nacional de Morena, también emitió un análisis de lo sucedido.
Dijo que participaron en la elección del Edomex el 52 por ciento de los electores y esgrime que en los municipios donde Morena ganó esa fue la media porcentual, pero señala que en algunos distritos como Valle de Bravo, Ixtlahuaca, Tejupilco, Atlacomulco y Jilotepec, donde supuestamente triunfó el PRI, los valores se colocan por encima del 62 por ciento, con 388 mil adeptos en una proporción de cuatro a uno frente a Morena.
“Ellos compraron esos votos con miles de millones de pesos del presupuesto, traficando con la necesidad y la pobreza. Es un acto violatorio a la Constitución. Inició el recuento, pero no quieren (en el IEEM) abrir todas las casillas. Vamos a seguir exigiendo el voto por voto.
“Incluso en algunos pueblos (los “mapaches”) tomaron las casillas, tomaron las boletas, rellenaron las urnas y mandaron el paquete para aparentar que triunfaron.
“Quiero agradecer a los ciudadanos del Estado de México, ellos cumplieron con su responsabilidad. El que no cumplió fue Peña Nieto. Demostró que no es un hombre de Estado y que es el jefe de una pandilla de delincuentes”, declaró en una videograbación difundida el jueves 8 de junio.
En algunos distritos electorales de Naucalpan y Ecatepec, donde fueron abiertos paquetes con inconsistencias, se comprobó que Morena ganó la elección y no el PRI como había sido divulgado, empero el IEEM no quiere que se abran más que el 16 por ciento de los paquetes electorales.
Sobre cómo se fraguó el fraude, algunos investigadores consideran que los votos apócrifos corresponden a las coaliciones y también señalan que a Morena le quitaron miles de sufragios.
El ejercicio de opinión que realizó Hora Cero Encuestas en el Estado de México, se pensaba que pavimentaría el camino a López Obrador para las elecciones de 2018, pero el PRI ‘revivió’, según se denuncia, en base a las ‘viejas’ prácticas de corrupción y a los excesivos gastos rebasando los topes de campaña con 412 millones de pesos.
Los analistas dilucidan que aún no revirando a favor de Morena en Edomex, AMLO ganó.
Y aunque antes, durante y después de los comicios se comprobó que hubo irregularidades, la autoridad electoral no ha revocado sus informes. Sigue poniendo como ganador a Del Mazo.
En su caso, Alejandra Barrales, dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), expresó que todavía no se puede reconocer ninguna victoria y que ese instituto está dispuesto a defender el voto que había dado la victoria a Delfina Gómez.
INÉDITO FRENTE COMÚN
En otro Estado de la República donde los comicios electorales se viciaron como Coahuila, diversos partidos están pidiendo que se anule la elección, ya que en ese territorio se presentaron una serie de anomalías.
El PAN, Morena, PT y los candidatos independientes están solicitando al Instituto Electoral de Coahuila que detengan el presunto fraude del PRI y el gobierno del Estado.
Así como Guillermo Anaya, se unieron Armando Guadiana de Morena, José Ángel Pérez Hernández del PT, Javier Guerrero y Horacio Salinas. Para ello han lanzado una campaña denominada “Coahuila digno” y emprendieron una marcha con miles de personas apoyándolos para manifestar su desaprobación al proceso electoral del 4 de junio.
Pero Gabriela De León, presidenta del Instituto Electoral de Coahuila se niega a hacer un recuento de votos. Manifestó que sólo se abriría el 20 por ciento de los paquetes señalados con irregularidades.
Ante ese escenario la plataforma change.org, que se caracteriza por apoyar demandas populares a nivel mundial, está solicitando su destitución.
Incluso, el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, expresó que el PREP de Coahuila funcionó de forma irregular.
Durante los comicios se denunciaron secuestros de casillas, falta de boletas, paquetes electorales vandalizados y la llegada tardía de las urnas a los distintos consejos municipales del IEC.
Córdova consideró que será el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el que resuelva esta controversia.
El Programa de Resultados Electorales Preeliminares daba una victoria de 38.31 por ciento al candidato del PRI Miguel Ángel Riquelme, por 36.81 del abanderado del PAN, Guillermo Anaya.
Inexplicablemente el IEC se esperaría, dando a conocer hasta el domingo quién es el ganador de estos comicios, pero luego se dio a conocer que la victoria era para el priísta con 482 mil 891 votos, por 452 mil 31 del panista. Unos 30 mil votos de diferencia.
Aunque falta definir la postura del TEPJF, lo cierto es que para nadie ha sido un secreto que los comicios de 2017 son para el pueblo mexicano un absoluto engaño, que hubo un retroceso político electoral, y que al presidente de México le interesa más la vaquita marina, que legitimar los comicios gubernamentales.

30.9.15

Diana Palaversich y la narcocultura

Narcoliteratura (¿De qué más podríamos hablar?)



 http://www.conaculta.gob.mx/tierra_adentro/?tag=diana-palaversich

















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En 2009 Teresa Margolles escogió como título de su exposición en la Bienal de Venecia una pregunta desafiante: ¿De qué más podríamos hablar?, respondiendo así a los comentarios anticipados en México donde una buena parte de críticos y el público en general se muestra desde hace algún tiempo cansado de la hiperexplotación del tema narco. La narcocultura, durante décadas considerada una subcultura limitada a la frontera y la zona norte del país —tradicionalmente ligada a la producción y tráfico de estupefacientes— desde los años noventa ha llegado a instalarse en el pleno centro del mainstream cultural mexicano. La normalización y comercialización de la narcocultura en los medios, las artes visuales y la literatura en este periodo marcha de modo paralelo con la “fronterización” de México en la esfera política, donde el negocio del narco, la violencia y la corrupción política que lo acompaña se empieza a evidenciar en el resto del país.




Los conglomerados mediáticos, Televisa y TV Azteca convierten la cobertura del protagonismo del narcotráfico y escándalos políticos relacionados en uno de los ejes del espectáculo informativo de la televisión mexicana finisecular; en el campo de las artes plásticas los artistas como Teresa Margolles, Lenin Márquez y Ricardo Delgado Herbert empiezan a explorar la dimensión estética de la narcocultura y la violencia que la acompaña; mientras que la maquinaria mercadotécnica de conglomerados editoriales como Planeta, Alfaguara, Mondadori y Tusquets, entre otros, que en los últimos años de los años noventa “descubrieron” la literatura del norte como el nuevo sabor de la literatura mexicana, comienzan a empaquetar para la venta tanto doméstica como trasnacional la narconarrativa mexicana como la más reciente expresión de la exótica barbarie latinoamericana.


Conforme crece la representación de este tema en diversos medios del mainstream cultural aumentan también las críticas que, por lo general, toman forma de breves notas periodísticas que repudian la actual comercialización y sobrerrepresentación del tema, que cabe señalar, décadas atrás ya había ocurrido en el caso de los narcocorridos y el narcocine, que se comercializaron al margen del mainstream cultural, sobre todo, entre la población del norte y los inmigrantes. Se alega que el exagerado interés en el tema narco y su comercialización legitiman este negocio ilícito, promueven la violencia y contribuyen a la mala imagen del país en el extranjero.

 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.
Dichos argumentos han sido usados, por ejemplo, por funcionarios culturales de Tamaulipas que en ocasiones han censurado la muestra de pinturas de Ricardo Delgado Herbert, difícil de entender dada la feroz caricaturización de la figura del narco en sus cuadros. Argumentos parecidos han sido empleados por varios críticos de Teresa Margolles, entre ellos Avelina Lésper, quien desacredita el proyecto artístico de Margolles tanto en su dimensión ética como estética.

 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.

En cuanto los comentarios que conciernen a la cobertura mediática, Enrique Krauze en su artículo “En defensa de nuestra imagen” publicado en Proceso en 2009, critica los medios impresos del país por su cobertura sensacionalista del tópico, especialmente la insistencia en las imágenes sangrientas que, según el autor, proveen publicidad gratuita para los cárteles. En el campo literario los reproches y lamentos más frecuentes vienen de parte de escritores que fungen como críticos culturales. Así, Rafael Lemus en “Balas de salva. Notas sobre el narco y la narrativa mexicana” publicado en Letras Libres en 2005 lamenta la calidad inferior —folclórica y costumbrista— de la narcoliteratura; Sergio González Rodríguez en “Narcoliteratura mexicana” publicado en 2009 en el diario Reforma estima que hasta la fecha no se han dado novelas verdaderamente capaces de captar el impacto del narcotráfico sobre la sociedad mexicana. González Rodríguez —autor de un conocido libro sobre las muertas de Juárez— espera que las obras sobre lo narco “se beneficien más de la lejanía temporal, que de la urgencia de registrar un presente vertiginoso”, pues, alega, esa lejanía benefició e hizo posible la novela sobre la Revolución mexicana. Por su parte la autora española Lolita Bosch en “Contar la violencia” publicado en El País en 2009 resalta la abundancia de la representación literaria del tema narco en México, pero propone la novela colombiana de Evelio Rosero Los ejércitos (2006) como un singular ejemplo de acercamiento ético a la representación de la violencia, “una perspectiva que en México todavía echamos en falta”. Por último, Héctor de Mauleón en su columna en Milenio en 2010 se pregunta sobre la ausencia de la gran novela de narcotráfico en México: “¿Dónde está la obra literaria que cuente las narcofosas del modo en que Mariano Azuela describió en el otro siglo la panorámica de un mundo en llamas?”; y su pregunta hace eco en una nota de Christopher Domínguez Michael en Reforma, quien señala que es poco probable que surja un Azuela de la narcoliteratura mexicana pero por lo pronto sugiere que la prosa “depurada” y “lírica” de Yuri Herrera representa la cumbre de esta narrativa, “menos que un principio, [es] el fin de un camino: el imperio narco reducido (como sólo la buena prosa puede y debe hacerlo) a la mirada falsamente idiota de un bufón arrimado al palacio”.

Portada: Ricardo Delgado Herbert "La muerte del capo" 2000



El crítico propone que Trabajos del reino (2004) y Señales que precederán el fin del mundo (2009), de Herrera, son novelas que sobrevivirán el paso de tiempo ya que por la calidad de su propuesta literaria se distinguen de las “noveluchas prescindibles” que “irán perdiendo toda relevancia cuando se hable de México en los tiempos de las guerras del narco”. Son este tipo de comentarios que quisiera problematizar aquí para advertir que a pesar de la calidad muy variable de la narconovela señalada por los críticos citados —el descriptor “narconovela” lo uso no de una manera peyorativa sino simplemente para describir una modalidad literaria que aborda directa o indirectamente el mundo relacionado con el narcotráfico y la droga— es precisamente en el ámbito literario donde se registra la exploración más rica y compleja del fenómeno narco que se aborda desde una variedad de géneros literarios, perspectivas narrativas y posturas ideológicas [1].

 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.

El atractivo literario del tema narco es obvio no sólo por su vigencia sino también por la inherente cualidad ficticia de este mundo: las vidas enigmáticas de los mafiosos, la colusión entre el poder político y las mafias, fortunas fabulosas y mujeres apetitosas, la violencia desbordada que compite con la que se ve en el cine global, así como los eventos reales tan alucinantes como la revelación de que los reos del Cereso de Gómez Palacio en Durango salían regularmente por la noche para matar —con las armas de sus custodios— a los integrantes de grupos criminales rivales. Este tipo de eventos, junto con las coreografías mortuorias ideadas por los sicarios: decapitaciones y mutilaciones donde a veces las cabezas cortadas terminan rodando en una pista de baile, o la cabeza de la esposa asesinada de un capo del narcotráfico se entrega a su marido servida al estilo bíblico, o la historia de un “pozolero” que disuelve en ácido a más de trescientas personas asesinadas, parecen confirmar el viejo cliché de que en América Latina la realidad rebasa a creces la ficción, y de que en México el arcaico realismo mágico —la representación “natural” de la desbordada realidad del continente— se ha visto reemplazado por un nuevo (narco) realismo mágico. Si bien desde la perspectiva de aquellos que no conocen bien la trayectoria histórica de la narconovela ésta puede parecer un suceso nuevo en la literatura mexicana —efectivamente una invención del mercado editorial de los últimos diez años—, es importante recordar que esta modalidad literaria tiene una larga trayectoria histórica y surge en Sinaloa en 1967 con la publicación de Diario de un narcotraficante de Pablo Serrano.

 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.

Desde su incepción la narconovela se gesta como parte inherente de la literatura regional, publicada exclusivamente en las pequeñas editoriales locales con nula circulación fuera de su zona de origen. Sus exponentes principales en Sinaloa son Élmer Mendoza, con sus dos primeras obras pseudo testimoniales, Cada respiro que tomas (1992) y Buenos muchachos (1995); y Leónidas Alfaro, con el primer narcobildungsroman mexicano, Tierra Blanca (1996), novelas que humanizan a los traficantes y explican cómo y por qué alguien se convierte en narco. En Sonora, Gerardo Cornejo, en su Juan Justino Judicial (1996) relata la historia del corrupto y temido policía y borra toda diferencia entre los narcos y los representantes de la ley. Dichas obras constituyen ejemplos de una literatura regional antihegemónica que se escribe no sólo en oposición al discurso oficial, que por un lado demoniza a los traficantes mientras que por otro saca provecho de este negocio ilícito; sino también en oposición a la cultura canónica mexicana, urbana y cosmopolita.

 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.

Este carácter estrictamente regional de la narconarrativa cambia en los últimos años de la década de 1990 cuando los grandes conglomerados editoriales, como también un poco más tarde las pequeñas editoriales independientes españolas, Almuzara y Periférica, empiezan a promover la narcoliteratura mexicana, en perfecta sincronía con el momento histórico en que crecen el poder y la visibilidad de los cárteles mexicanos y recrudece la narcoviolencia. Las editoriales transnacionales literalmente desterritorializan ese tipo de literatura regional y empiezan a publicarla y difundirla fuera del norte. Una vez acogida y promovida por sistemas mercadotécnicos de los conglomerados editoriales la narconovela se convierte en una modalidad literaria “desterritorializada”, practicada ya no sólo en el norte (Orfa Alarcón, Leónidas Alfaro, Julián Herbert, Élmer Mendoza, Eduardo Antonio Parra, Hilario Peña, Víctor Hugo Rascón Banda, Juan José Rodríguez, Heriberto Yépez) u otras partes de México (Homero Aridjis, Bernardo Fernández Bef, Carlos Fuentes, Sergio González Rodríguez, Mario González Suárez, Yuri Herrera, Martín Solares), sino también fuera del país donde sus más destacados exponentes hasta la fecha han sido el autor español Arturo Pérez Reverte con su versión romantizada y folclórica del narcotráfico, La Reina del Sur (2002) en la cual sucumbe a la seducción del mito del narco sinaloense como un bandido social, más moral que los malvados representantes del poder; y Don Winslow quien, en su impecablemente investigada, El poder del perro (2005) denuncia rabiosamente la turbia complicidad estadounidense con el narcotráfico mexicano y colombiano, inherentemente vinculado con su política global de neutralizar la guerrilla izquierdista en América Latina. En un thriller político que se mueve con la rapidez del cine de acción, Winslow comprime décadas de la historia de narcotráfico en un par de años y un par de personajes ficticios construidos con tajos de historias reales de la vida de verdaderos capos de este negocio.


 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.

El interés de la industria editorial transnacional en la temática señala el valor mercadotécnico de dicha narrativa y constituye un factor decisivo en la proliferación, normalización y mainstreaming de esta modalidad literaria. Si bien no cabe duda de que esta industria ha jugado un rol preponderante en la promoción de la narcoliteratura —por la actualidad del tema que trata se supone, correctamente, que tendrá mayores posibilidades de venta que, digamos, la literatura experimental, exquisita— el factor mercado y el éxito comercial no supone automáticamente una calidad literaria inferior, la tesis que desde hace por lo menos una década sostiene la cultura canónica. Incluso un repaso veloz por el vasto panorama de la narconarrativa mexicana revela la existencia de una variedad de propuestas estéticas y políticas y, por supuesto, una variable calidad literaria Así, por ejemplo, Héctor Aguilar Camín en La conspiración del futuro (2005) explora el nexo entre las mafias y el sistema político; Juan Villoro en El Testigo (2004) el poder del narcotráfico en la política e industria de entretenimiento. Homero Aridjis en La santa muerte (2004) vaticina un México dirigido por los Cárteles Unidos, una propuesta que desde la perspectiva actual no se antoja futurista. Élmer Mendoza en Balas de plata (2008) y Juan José Rodríguez en Mi nombre es Casablanca (2005) emplean una especie rara, el policía honesto que se enfrenta al poder narco, mientras que en El Gringo Connection (2000) Armando Ayala Anguiano expone la futilidad de la lucha contra la droga y a través de la voz de uno de su personajes propone la legalización como la única salida del laberinto de violencia, inseguridad e impotencia.
En cuanto la exploración estética de cómo acercarse al mundo narco, Bernardo Fernández Bef, por ejemplo, escribe su Tiempo de alacranes (2005) como un roadmovie centrado en el personaje de un narcogatillero desencantado que se niega a continuar matando. Yuri Herrera construye su Trabajos del reino (2004) como una fábula narco que narra la rebelión del corridista, El Artista quien, en vez de ensalzar al capo que lo contrata, compone un corrido en el cual desenmascara la impotencia sexual del mismo. Sergio González Rodríguez en El vuelo (2009) evoca el ambiente del narcomundo desde las alucinaciones narcotizadas de su protagonista, mientras que Juan José Rodríguez en Asesinato en una lavandería china (2001) imagina vampiros narco en el puerto de Mazatlán.


Dos trabajos recientes que ofrecen una manera más novedosa de acercarse al fenómeno son Al otro lado (2009) de Heriberto Yépez y Perra Brava (2010) de Orfa Alarcón. Yépez desmantela el mito que desde hace décadas circula a nivel popular y oficial, de que México no es un país de consumidores de droga, sino simplemente un país que “surte lo que los gringos piden”. El autor desmitifica esta tesis demagógica para mostrar que México es también un país de usuarios. El otro lado del título de la novela trasciende el obvio referente geográfico para referirse simultáneamente al otro lado de la razón, el limbo de delirio en que divagan los protagonistas adictos al phoco, una droga sucia que literalmente se cocina con residuos tóxicos que contaminan la ficticia Ciudad de Paso en que se desarrolla la novela. El otro lado geográfico de la frontera y la bonanza que promete se muestran en la novela como un espejismo inalcanzable, una mentira fácilmente sustituida por un shopping mall del lado mexicano de la frontera donde el protagonista principal, el coyote Tiburón, abandona a sus “pollos” haciéndoles creer que ya ingresaron al sueño americano.
Si bien el uso de droga ha figurado con cierta frecuencia, desde la literatura de la Onda para adelante, sólo dos autores, Heriberto Yépez y Julián Herbert han tocado este tema de una manera más bien política. Yépez pinta un cuadro apocalíptico de la frontera y a México como un país que vive literal y metafóricamente en un delirio narcótico, mientras que Herbert en su Cocaína. Manual de usuario (2006) suspende toda referencia al tráfico y sus secuelas violentas para centrarse en los placeres y demonios de la drogadicción, pero también es importante, para señalar que los discursos contemporáneos en torno a la droga, prohibicionistas y moralistas, parecen olvidarse de que hasta la instauración del acta Harrison en 1914, las farmacias recetaban drogas hoy en día ilícitas —cocaína, y derivados de heroína— como medicamentos legítimos, creando así dependencias y adictos entre las capas privilegiadas de la sociedad. Un acercamiento novedoso al tema se da también en Perra brava (2010) de Orfa Alarcón, la primera novela escrita por una autora mexicana que abarca el mundo, esencialmente masculino, del narcotráfico desde la perspectiva femenina. O quizá, sería más correcto decir que el narcotráfico constituye un telón del fondo sobre el cual se desarrolla la relación entre Fernanda, una estudiante de la UNAL y su novio, el joven capo de narcotráfico. Alarcón deliberadamente confunde límites entre la tan silenciada violencia doméstica y tan pública(da) narcoviolencia, la protagonista, que inicia como una “perra sumisa” del novio narco, fascinada y hasta excitada sexualmente por el poder que éste tiene, se convierte paulatinamente en la “Perra brava” —el título de la rola del grupo regiomontano Cártel de Santa, que da título a la novela— y deviene más fuerte y astuta que cualquier macho —el novio narco o el propio padre abusivo— que cruza su camino. La pragmática y cínica Fernanda —quien, a primera vista engaña con su apariencia de típica mujer trofeo que cuelga de la mano de tantos narcos en la vida real, guapa y vestida con ropa de marca— es uno de los poquísimos personajes femeninos que figuran como protagonistas de narconovelas donde, hasta la fecha, se han dado sólo dos personajes centrales memorables: la poderosa reina del narcotráfico, Teresa Mendoza de la novela antes mencionada de Arturo Pérez Reverte, y la sicaria femme fatal, Rosario Tijeras de la novela homónima del colombiano Jorge Franco Ramos.
Poniendo a un lado el tema que es la nostalgia de muchos lectores y críticos, incluyendo aquellos mencionados arriba, por las grandes novelas que abarcaran de una manera totalizante la sociedad contemporánea, en el caso mexicano el narcotráfico y sus secuelas devastadoras —tal como lo hicieron en su tiempo y en otro contexto histórico Carlos Fuentes en La región más transparente, Mario Vargas Llosa en Conversación en La Catedral, o Augusto Roa Bastos en Yo el Supremo— me aventuro a afirmar que la gran novela mexicana del narcotráfico se escribió hace ya diecinueve años. Se trata de la conmovedora y hondamente sentida Contrabando, escrita por el dramaturgo chihuahuense Víctor Hugo Rascón Banda que, cabe señalar, no ha merecido mención alguna por ninguno de los críticos previamente citados. Galardonada con el premio Juan Rulfo en 1991 pero inédita hasta 2009 cuando se publica en Planeta tras la muerte prematura de su autor, apareció en pleno auge de la narcoviolencia cuyas dimensiones épicas Rascón Banda ya había anunciado proféticamente hacía casi veinte años. Desde la distancia histórica de dos décadas, la novela se lee como una suerte de espeluznante memoria del futuro, una obra visionaria que presenta al narcotráfico como una tragedia griega de proporciones épicas donde las causas sociales, culturales e históricas de la violencia se entretejen con el destino trágico y universal del ser humano. La obra no es sólo brillante en su visión del narcotráfico como la gran tragedia mexicana sino también en cuanto a su realización literaria donde el autor ha logrado crear un género híbrido: novela-guión-poesía-obra de teatro-testimonio, que le permitió captar desde diferentes ángulos de narración las múltiples facetas de este percance nacional. La obra se construye como un texto polifónico, desde cada capítulo —como si fuera una tumba solitaria de Comala— habla un alma en pena que cuenta su historia y pide, en vano, la justicia. La microhistoria de cada hablante, por ende, refleja la macrohistoria silenciada de los pueblos del norte, históricamente más involucrados y afectados por el narcotráfico. Una fatalidad rulfiana y el pathos poético enmarcan la obra, las historias se cruzan y conectan, la última frase de cada capítulo abre nítidamente el relato que se narra en el próximo.
Rascón Banda forja la novela con trazos de realidad y elementos autobiográficos, él mismo aparece como protagonista en su rol de periodista y escritor. Es de él de quien sus interlocutores, campesinos y otros personajes desposeídos y desprotegidos de su pueblo natal Santa Rosa, esperan que por su calidad de letrado habitante de la capital denuncie y difunda públicamente las injusticias y abusos que sufren por parte de los policías y los narcos que, como afirman varios personajes de la obra, vienen a ser uno mismo. Al final de la obra, Víctor Hugo quien vino a Santa Rosa de Lima de Uruáchic para escribir en la tranquilidad de la finca de sus padres el guión para una película de Tony Ayala, una suerte de narcomelodrama, se ve avasallado por los hechos que presencia —masacres, secuestros, abusos impunes— y de los cuales apenas logra escapar con vida. Su madre le aconseja al personaje:
Acá en Santa Rosa no hay ley que valga ni gente libre de culpa, dice mi madre. No quiero que vuelvas a pisar este pueblo. Si sientes deseos de vernos, iremos adónde tú estés. Acá no se sabe quién es quién. Además, tienes una mirada extraña y una pinta que te perjudica, tiene razón Damiana Caraveo cuando dice que miras como un narco o como judicial, que para el caso es lo mismo. Y además vistes como ellos. No vale la pena que corras el riesgo, no quiero perder un hijo. Ya te encomendé a Santa Rosa de Lima y te entregué a ella. Olvídate de lo que viste y escuchaste acá. Haz de cuenta que fue una simple pesadilla”. (Contrabando, p. 209).
Pero él decide no seguir el consejo y, en su lugar, cumple con su deber social, y escribe el libro de denuncia. El autor no sólo relata testimonios escuchados sino que también problematiza de una manera autorreferencial dos asuntos claves relacionados con la representación literaria del narco: la posición ética del escritor frente al material que presenta y la búsqueda de un género literario idóneo para captar el sentido de la tragedia individual y colectiva del narcotráfico mexicano. El hecho de que a veinte años de distancia la novela no sólo ha pasado la prueba del tiempo sino que parece aún más vigente hoy que en el tiempo de su escritura, es otra prueba de su calidad perdurable. Vivida y sentida desde adentro, desde el privilegiado conocimiento de un escritor oriundo de la zona de Chihuahua en que se desarrolla la trama y desde la destreza técnica de un dramaturgo, la visión épica y profundamente ética del narcotráfico de Rascón Banda, como un destino maldito de los pueblos del norte y una inevitabilidad histórica, difiere radicalmente de aquella brindada por los autores del centro, en particular de aquellos que se acercan al narco a partir de la representación en los medios, la nota roja o los mitos perpetuados en los corridos.
Contrabando también supera la tan divulgada, cínica y moralmente problemática La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo, aclamada tanto por la crítica mexicana como por la internacional, como la gran novela del sicariato y el narcotráfico. La postura absolutamente ética de Rascón Banda, la fuerza poética del drama que tan hábilmente maneja, expone la novela de Vallejo como una obra “hueca”, escrita desde la arrogancia irritante del intelectual letrado que se vuelve cómplice de la violencia y se deleita con los asesinatos azarosos perpetuados por los jóvenes sicarios, presentados por el autor como ángeles de la muerte y portadores de una violencia sublime y romantizada que purifica, mediante la destrucción, un país corrupto.
El ya abundante corpus de la narconarrativa mexicana, para los que sepan leerla, representa un lugar privilegiado para estudiar cómo el narcotráfico afecta el imaginario nacional, y de qué manera las percepciones literarias del mismo entran en conflicto o diálogo con discursos locales y globales sobre este fenómeno. En su conjunto, dicha narrativa, por encima de las diferencias estéticas, éticas e ideológicas, ofrece testimonio de la prevalencia en la sociedad mexicana de lo que Rossana Reguillo llama la cultura de la ilegalidad, un entorno social en el cual la corrupción, la impunidad y la relatividad ética —practicadas inclusive desde las cúpulas del poder— se han convertido en el marco (in)moral y la norma de la sociedad.
En cuanto a su recepción entre el público, el éxito de la narcoliteratura, tanto ficción como no ficción se podría atribuir no sólo al morbo que inspira el tópico en el llamado ciudadano decente, deseoso de asomarse a la vida de aquellos que viven al otro lado de la ley; sino también porque satisface dos deseos contradictorios en el lector. Por un lado, ofrece catarsis por la ventilación pública (y en muchos casos la denuncia), de ciertos eventos escamoteados o negados por el discurso oficial. Y por el otro, me atrevería a decir, satisface un deseo secreto de protagonismo criminal donde por lo menos hasta que dure la lectura, el “ciudadano decente” —cuya vida diaria está marcada por la impotencia frente al poder del estado, la corrupción y la violencia— desde la seguridad de su casa se sumerge en el mundo prohibido del hampa.


Si bien no cabe duda de que las editoriales transnacionales han jugado un rol crucial en la proliferación y popularización de la narconovela, el periodismo cultural mexicano debería superar su rechazo instintivo del mercado y emprender un análisis que no se quede paralizado frente al fenómeno comercial mientras lamenta una y otra vez la ausencia de la gran novela del narcotráfico. La repetición circular de argumentos familiares a todas las reseñas de la narconarrativa no ayuda a entender el significado de este fenómeno ni siquiera tan nuevo en la literatura mexicana. Para avanzar el debate es necesario emprender una lectura mucho más analítica que vaya a través y más allá del mercado, y que indague en la problemática que esbocé más arriba.

 Diana Palaversich, hablando sobre Narco Arte en su conferencia Narcocultura,  en el Instituto Cervantes de Sídney.
Tomo prestadas palabras de Francine Masiello en el contexto del bestseller femenino en América Latina, en las condiciones que rigen actualmente la industria cultural donde el mercado juega un rol que ya no se puede desestimar, se requiere por parte de los críticos una lectura “que no se detiene meramente ante las puertas del éxito comercial y la fanfarria colectiva, que sobrepasa nuestras fantasías mojigatas de una existencia estética fuera del consumo”. Se trata de una lección que bien deberían considerar los críticos mexicanos que llevan por lo menos una década desconcertados frente al fenómeno de la narcoliteratura.
[1] El boom del tópico narco es particularmente evidente en la proliferación de las que denomino publicaciones “relámpago” del periodismo investigativo y la crónica (roja) novelada, que con una rapidez asombrosa responden a los eventos y escándalos más difundidos en los medios. Así a menos de un año de captura de la coqueta Sandra Ávila Beltrán —la apodada Reina del Pacífico— aparecen dos libros dedicados a su caso: la entrevista de Ávila con el renombrado periodista Julio Scherer La Reina del Pacífico. Es la hora de contar (2009) y la crónica novelada de Víctor Ronquillo La reina del pacifico y otras mujeres del narco (2008). Javier Valdez, autor de Miss Narco (2009) también aprovecha la centralidad de la noticia de la captura de Nuestra Belleza Sinaloa 2008, Laura Zúñiga, en compañía de unos integrantes del cártel del Golfo. En el campo del periodismo investigativo se destaca Ricardo Ravelo con hiperproducción de libros sobre el tema narco: Osiel, y Cártel de Sinaloa aparecen en 2010; La herencia maldita, Crónicas de sangre, y Los capos en 2007, y Narcoabogados en 2006. Cabe señalar que todos los libros mencionados son publicados por las mismas editoriales transnacionales que promueven la publicación de narconovela.

23.9.15